¿Alguna vez sentiste el peso insoportable de tener que hacerlo todo “bien”?
Llega un momento en la vida donde el cuerpo y el alma dicen “basta”. Basta de escuchar voces externas que nos dicen cómo vivir, cómo sentir o cómo sanar.
Hoy escribo esto como una declaración de principios, y te invito a que la hagas propia: No necesito que nadie más me diga cómo hacer las cosas. No quiero que nadie más ataque mis formas —que son imperfectas, a veces reaccionarias, otras veces cálidas—, porque son mías.
Ya no puedo sostener la mentira de querer agradar a todo el mundo. Esa mochila pesa toneladas y ya no me permite avanzar. Ya no puedo más “no permitirme”.
Quiero el derecho a equivocarme en paz
Vivimos en una cultura de la cancelación y la autoexigencia, donde parece que fallar es un pecado. Pero yo quiero ser humana.
Quiero poder equivocarme en paz. Quiero sacarme la culpa de encima si un día decido “apagar” mis emociones porque no tengo energía para gestionarlas. Y sobre todo, quiero romper con una idea que nos hace mucho daño en el mundo del bienestar: Quiero que sanar deje de ser un proyecto deliberado y sin final.
Sanar no es un trabajo práctico que tenés que entregar perfecto. Sanar es un proceso sucio, desprolijo y vivo.
Reír, llorar y soltar al “Yo” del pasado
Quiero permitirme reírme a carcajadas de mí misma, y al minuto siguiente, permitirme sentir la angustia que muchas veces me habita. Somos esa dualidad.
Necesitamos soltar las exigencias de nuestro “Yo” del pasado. Esa versión tuya hizo lo que pudo con las herramientas que tenía. Hoy toca sostener su dolor, no juzgarlo.
Si miro hacia adentro, veo a mi niña interna. Sé que has sufrido el dolor más grande y que tu cuerpo aún lo sostiene a veces. Pero hoy, como adulta, quiero permitirme ser esta humana imperfecta. La que se equivoca, la que se exige de más, la que no entiende de perfección pero que da porque tiene ganas.
La luz nace de la ambigüedad
Realmente, estamos aprendiendo a vivir. Nadie tiene el manual. Quiero ser luz, sí, pero no desde una iluminación falsa de “todo está bien”, sino desde la vivencia de nuestra ambigüedad como seres humanos.
No quiero dejar de disfrutar de la vida, con todo el combo completo: mis fracasos, mis aciertos, mis virtudes y mis defectos.
Hoy quiero gritar que no hay nadie a quien agradar. Lo único que hay es una niña (o un niño) adentro tuyo que necesita ser abrazada y amada, aún siendo imperfecta. Especialmente ahí, en las sombras, es donde más nos necesitamos.
