Solemos perdernos en nuestra mente como si todo lo que ella nos dice fuera una realidad absoluta, construida desde un presente que elegimos. Pero la verdad es otra: la mayoría de esos pensamientos están teñidos por experiencias viejas, por traumas del pasado y por emociones intensas que nos marcaron la cancha hace tiempo, pero que ya no están acá.
Nos identificamos tanto con el ruido mental que caemos en una gran trampa: creer que el tiempo es lineal.
Pero si paramos la pelota un segundo, nos damos cuenta de que lo único real, lo único que está sucediendo ahora, es lo que podés ver, tocar y sentir. Todo lo demás es interpretación. Y cada vez que interpretamos el presente usando un “archivo viejos” de nuestra mente, estamos trayendo el pasado y juzgando el ahora con una vara que ya no sirve.
¿Por qué nos pasa esto? Simple: porque perdimos la conexión con nuestra esencia.
¿Qué tiene que ver el Estrés con la Espiritualidad?
Muchas veces me preguntan esto. Parece que fueran dos veredas opuestas, pero están íntimamente ligadas.
El estrés se equilibra cuando nuestro sistema nervioso deja de estar en alerta por pensamientos abstractos que tomamos como propios. La única forma de comunicarnos con nuestra divinidad es a través de la calma y la paz en el cuerpo.
No podés escuchar a tu alma si tu biología está gritando “peligro”. La espiritualidad nos da la capacidad de vivir el presente con goce y entusiasmo, porque entiende que este momento es lo único que existe.
Dejar que la vida nos viva
La única forma de experimentar el presente sin juicios es soltar el control y permitir que la vida nos viva, con todo lo que ella trae.
Para sanar de raíz, tenemos que entender algo fundamental: nuestros recuerdos no pueden limitar nuestro futuro.
Equilibrar el sistema nervioso no es solo “relajarse”, es aprender consciencia. Es entrenarte para observar sin juicios. De esa manera, rompés las creencias que te limitan y empezás a crear pensamientos nutritivos que te expandan en lugar de achicarte.
El amor propio es un laburo diario
No es algo que se consigue un día y listo. Es un trabajo constante con nuestra mente y nuestras emociones.
Lo que realmente nos cambia la vida es empezar a verla de forma “inocente”. Confiar en nuestra esencia y, sobre todo, confiar en que la Vida (o Dios, o el Universo) siempre, pero siempre, quiere lo mejor para nosotros.
Siempre que una puerta se cierra, otra más grande se abre. Si confiamos en que somos amados infinitamente, aprendemos a amarnos a nosotros mismos a pesar de las circunstancias.
Sanar, al final del día, es cambiar nuestra perspectiva.
Quiero ir profundo en vos. A través de mi conocimiento médico y mi sabiduría interna, mi intención es llevarte a vivir una vida plena, donde dejes de sobrevivir y empieces a tener una relación amorosa con vos misma.
